El paisaje como desafío en la conservación del patrimonio

[ 1 ] Comment
Share
3_Daniele-Caron

Por Daniele Caron

1. El Patrimonio como trayectoria sinuosa y compleja de significaciones

Reflexionar sobre la noción del patrimonio en nuestros días requiere comprender más que nada el contexto de transformación a que están sometidos nuestras sociedades y territorios, revisando el impacto de los fenómenos de la globalización sobre la sociedad y la crisis de valores que de ella deriva.

La vulnerabilidad de aquello que se pretende conservar o proteger está relacionada con la transferencia semántica[1] que ha sufrido la palabra patrimonio a lo largo de las últimas décadas. El fenómeno del patrimonio se ha transformado en un verdadero culto mediático que nada tiene que ver con los lazos de co-determinación existentes entre el individuo, el acto de rememorar y el objeto que refleja esta memoria.

Revisar los orígenes de la palabra monumento, es un modo de identificar maneras de rescatar el concepto de patrimonio de una utilización vacía y disimulada. Según CHOAY el sentido original del término es del latín monumentum, que a su vez, deriva de monere (advertir, recordar), significando aquello que trae algo al recuerdo. La naturaleza afectiva de su propósito es esencial: no se trata de presentar, de dar información neutra, pero de tocar, por la emoción, una memoria viva. La esencia del monumento está constituida de la relación entre tiempo vivido y memoria. [2]La autora explica que el pasado invocado por la memoria del individuo es por ella localizado y seleccionado para fines vitales, ya que contribuye directamente para mantener y preservar la identidad de una comunidad étnica o religiosa, nacional, tribal o familiar.

En este sentido, el patrimonio se demuestra como un proceso vivo, que tiene sentido solamente cuando, por medio de elementos materiales, activa el acto de rememorar algo vital e identitario para determinado grupo social. En su libro La Memoria Colectiva HALBWACHS (2004) hace una reflexión interesante sobre esta relación

Si entre las casas, las calles y los grupos de habitantes, no hubiera más que una relación accidental y de corta duración, los hombres podrían destruir sus casas, su barrio, su ciudad y reconstruir otros, en el mismo lugar, según un plano distinto. Pero aunque las piedras se dejen transportar, no es tan fácil modificar las relaciones que se han establecido entre las piedras y los hombres. Cuando un grupo humano vive durante mucho tiempo en un lugar adaptado a sus costumbres, no sólo sus movimientos, sino también sus pensamientos, se regulan según la sucesión  de imágenes materiales  que les ofrecen los objetos exteriores. Ya se pueden suprimir en parte o modificar la dirección, la orientación, la forma o el aspecto de las casas, estas calles, estos pasos o cambiar solamente el lugar que ocupan unos respecto a otros. Las piedras y los materiales no se resistirán y, en ellos, se enfrentarán, no tanto el apego a las piedras, como al que tienen a sus antiguos lazos.[3]

La función memorial del monumento ha ido perdiendo su importancia en las sociedades occidentales ganando otros sentidos. Su progresiva extinción empieza con la importancia atribuida al concepto de arte en las sociedades occidentales, a partir del Renacimiento, que sustituye el ideal de memoria por un ideal de belleza. Luego la hegemonía memorial del monumento pierde fuerza con la invención de la prensa que desarrolla, perfecciona y difunde las memorias artificiales. Hay un reemplazo de la memoria por la historia, y en los libros se conserva las memorias vivas “con una mejor apariencia”, cancelándolas como fenómeno. Este proceso se confirma y se fortalece con la invención de nuevos modos de conservación del pasado, que aprisionan y restituyen memorias de un modo concreto, inocuo, alejado de la experiencia vivida de los individuos. [4]

El patrimonio del latín patrimonium significa patria, paterno, se relaciona con herencia, legado, valor, referencia para una determinada sociedad. En la historia antigua, la civilización de Atalides en Roma, ya tenía el hábito de conservar objetos de arte griega, lo que se puede considerar una acción de preservación para la época, aunque el hábito se mantenía por una cuestión de status.

CHOAY explica que en el Renacimiento surge la primera noción de patrimonio con el término “antigüedad”. Los humanistas utilizaban el término antigüedad para referirse a los remanecientes, ruinas heredadas del Imperio Romano. Adoptan el concepto de alteridad: considerar los otros, otros pueblos, periodos históricos o culturas, demostrando el interés en conocer y tener otras referencias.

En el siglo XVIII, en Francia, la destrucción de parte de sus bienes con la Revolución produce una reacción inmediata que consiste en conservar no solamente las iglesias medievales, como la totalidad del patrimonio nacional en toda su riqueza y diversidad. El valor primario devuelto a la nación francesa es así, económico, transformando el status de las antigüedades nacionales. Integradas a los bienes patrimoniales bajo efectos de la nacionalización, estas se han vuelto valores de cambio, bienes que con la posibilidad del perjuicio financiero, es necesario mantener y preservar. De este modo el concepto de patrimonio induce a una homogenización del sentido de los valores y se hace necesario elaborar un método para conservar estos bienes nacionales definiendo las reglas de su gestión. Es creada una Comisión de los Monumentos, y los bienes una vez clasificados e inventariados, son puestos fuera de circulación, en depósitos, lo que más tarde originará la institución del museo que tendrá la función de “instruir” la nación.[5]

Aunque estamos hablando del siglo XVIII, es posible notar ya en el origen de la institucionalización del patrimonio una inversión de los valores que se perpetúa hasta la actualidad en su gestión. En primero lugar porque quien decide sobre cual de los bienes se debe conservar es una elite con intereses propios, en su mayoría económicos, es decir, la sociedad en nombre de la cual se está conservando este o aquél monumento no tiene poder de manifestación o decisión. En segundo, porque lo que se destruye y lo que se conserva es elegido de acuerdo con la instrucción que se pretende dar a la sociedad.

A partir del siglo XIX un pensamiento más estructurado acerca de la protección del patrimonio empieza a ser organizado, pero solamente en el inicio del siglo XX algunas posturas, legislaciones y actitudes más amplias y concretas son efectivamente puestas en práctica; algunas están representadas por las Cartas Patrimoniales.

En 1931 surge la Carta de Atenas, un documento que divulga ideas modernistas en que se plantea la sustitución de ciudades antiguas por una nueva arquitectura. La Sociedad de las Naciones[6] reacciona a favor de la preservación de edificios históricos elaborando una nueva Carta de Atenas que incluye principios de preservación. En 1964 se elabora la Carta de Venecia, en la cual evoluciona la noción de monumento histórico: el valor pasa a comprender no sólo la creación  arquitectónica aislada, como también el sitio urbano o rural que da testimonio de una civilización particular, de una evolución significativa o de un acontecimiento histórico. Extiéndese también a las obras modestas, que hayan adquirido una significación cultural a lo largo del tiempo.

Es lícito decir, por lo tanto, que el concepto de patrimonio se ha ido construyendo desde la valoración exclusiva de “monumento arquitectónico aislado – corpóreo, tangible y de gran valor estético y significativo”[7]a partir de la Revolución Francesa, hasta empezar a considerar el ambiente construido y el paisaje como monumento en la segunda mitad del siglo XX, con la valorización de la ciudades pre-industriales. CHOAY  llama a la atención para Convención Mundial del Patrimonio en 1972 como marco simbólico de la protección del patrimonio cultural y natural, en la cual se crea un conjunto de obligaciones relativas a la identificación, protección, conservación, valorización y transmisión del patrimonio cultural a las futuras generaciones.[8]

La Convención determina como patrimonio cultural los monumentos, los conjuntos y los lugares con un valor universal excepcional desde el punto de vista de la historia, de la estética, de la etnología, de la antropología, del arte o de la ciencia; como patrimonio natural define los monumentos naturales, las formaciones geológicas y fisiográficas y las zonas estrictamente delimitadas que constituyan el hábitat de especies amenazadas, y los lugares o las zonas naturales estrictamente delimitadas con un valor universal excepcional desde el punto de vista estético, de la ciencia, de la conservación o de la belleza natural.[9]

El texto apunta los estados miembros de la  convención como responsables por la identificación de este patrimonio, y posteriormente por los programas de educación y de información, en los cuales “deberán hacer todo lo posible por estimular en sus pueblos el respeto y el aprecio del patrimonio cultural y natural.”[10] Una vez más nos deparamos con la cancelación del proceso de rememorar que estaría en la base del concepto de monumento y por consecuencia de todos los elementos a ser valorados como patrimonio; un proceso de aprehensión conducido por el Estado, y no más el fenómeno de invocar el pasado a través de la memoria que se sostiene en la arquitectura, en la ciudad, en el paisaje.

 

Una intersección de fenómenos: el desafío de la no-patrimonialización

A pesar del texto de la Convención Mundial del Patrimonio no encuadrar el paisaje como patrimonio cultural o natural, es evidente la relevancia del documento en el sentido de ampliar la estrategia de conservación a los ámbitos en los cuales se interseccionan elementos culturales y naturales. Para RORTY (1996) los paisajes tienen entidad propia y son tan valiosos cultural y socialmente como las estructuras edificadas y urbanísticas en las que se asientan y de las cuales son una metáfora.[11]

Se por un lado la trayectoria delineada por la conservación del patrimonio a lo largo del tiempo remite a la valoración de ámbitos cada vez más amplios y complejos, por otro, a finales del siglo XX empieza el proceso de patrimonialización del paisaje. Tal como el patrimonio en su época, el concepto de paisaje entra en el rol de las discusiones intelectuales y científicas, transformándose en simulacro[12] de un ideal paisajístico obsoleto para el contexto contemporáneo, pleno de desigualdades sociales y económicas y de una compleja diversidad.

En los países europeos, por ejemplo, según GANYET, en las últimas décadas se ha experimentado una pérdida de diversidad en los paisajes, hecho que estimuló al Consejo de Europa a crear el Convenio Europeo de Paisaje (en adelante CEP) en octubre de 2000, de acuerdo con las iniciativas vinculadas con la defensa del patrimonio natural y cultural y con la concepción de paisaje como parte de este patrimonio común. El convenio representó un giro importante en la concepción social del paisaje ya que extiende las consideraciones a los paisajes cotidianos, y no solo aquellos de valor extraordinario, y pone en evidencia su relación con el bienestar individual y colectivo.[13]

A partir de la premisa de que la calidad y diversidad de los paisajes constituyen un recurso común europeo, el CEP se superpone a otros textos jurídicos a nivel internacional de protección y gestión del patrimonio natural y cultural, de ordenación regional y espacial, de autonomía local y de cooperación transfronteriza.[14] El Convenio también se superpone a otras políticas de conservación específicas de los distintos ámbitos nacionales, generalmente relacionadas con el patrimonio edificado y con la preservación del medio ambiente y el desarrollo territorial. En este sentido, funciona como una especie de resguardo de iniciativas de protección del paisaje en los diferentes países europeos, los cuales empiezan a articular diferentes medios y métodos para la su aplicabilidad. El CEP influye también en algunos países de Latinoamérica que tienen en Europa la principal referencia para desarrollo de metodologías de conservación del patrimonio cultural.

Sin embargo el análisis de algunas metodologías de conservación del patrimonio y del paisaje desarrolladas en países europeos y algunas iniciativas brasileñas demuestran que todavía hay un largo camino por recorrer, en el sentido de reafirmar el papel del paisaje en la gestión del patrimonio rescatando el concepto en su sentido fenomenológico.

Al entender el paisaje como un modo de mirar, o como explica COSGROVE, “un modo de componer y armonizar el mundo externo en una escena, en una unidad visual”[15], es posible comprender que el hombre construye el paisaje, y a la vez es construido por él. Las múltiples y sucesivas miradas sobre un territorio participan del esquema de percepción del ser humano, construyendo el imaginario colectivo sobre determinadas especialidades. Este imaginario, a su vez, es la materia prima con la que las sociedades construyen este territorio.

La fenomenología del paisaje está intrínsicamente relacionada con el concepto de tiempo, de modo que no hay nada fijo, estático o inmutable. El carácter dinámico y mutante del paisaje respeto a la imprevisibilidad de la propia naturaleza, y principalmente de las concepciones de una sociedad, lo caracterizan como un medio volátil, difícil de manipular y en constante transformación. A partir de esta noción de tiempo condensado, en el cual pueden coexistir diferentes realidades, se llega nuevamente al tema de la memoria.

La memoria es uno de los agentes que determinan la creciente complejidad del paisaje, ya que se acumula en estratos a lo largo del tiempo. En las piedras, en los pliegues, en la simple andadura del viajero, se depositan infinidad de historias que por un lado componen el paisaje tal como es, y por otro, generan una diversidad causada por esta superposición de lecturas. Esta superposición ocurre en diferentes medidas, y puede crecer en lugares donde el paisaje se construye a partir de dicotomías, o si se quiere, dualidades, como el urbano y el rural, el natural y el edificado, el pasado y el presente.

Tal como sucede en el patrimonio, los paisajes idealizados también se configuran como objetos de consumo. La sustitución de elementos que representan a la sociedad actual, puede también causar algunas rupturas en el proceso continuo de interpretación del paisaje por parte de los habitantes de un lugar.[16] Tocar el paisaje es también tocar la memoria. ECKERT comenta la concepción de ruina de SIMMEL,

“[...] a ruína é fundadora de imaginários e motivações emocionais. Esta mesma ruína pode ser signo de degradação para o discurso urbanístico que demanda intervenção do Estado. Simmel pergunta nesse âmbito por que tememos a ruína que nos inspira as lembranças? Por que essa paisagem não pode durar na sua condição de luto? A ação política mais provável será de restauro para um simulacro de continuidade. Sobre a ruína, a macro esfera impõe a reforma e ressemantiza seus sentidos pela higienização e/ou pela espetacularização. A especulação imobiliária ganha terreno, ou a lógica do mercado patrimonial para operar essa cimentação da paisagem como patrimônio cultural censurando ao convívio descontínuo. Para ser tombada no livro das artes ou no livro das paisagens, sofre a inferência da política de restauro à revelia das artes de viver o lugar.” [17]

Son las dos caras de la protección de paisajes: por un lado se quiere mantener y asegurar la existencia de elementos que supuestamente pertenecen a un imaginario colectivo que los valora; por otro, la cristalización de unas realidades que pertenecen a otro tiempo y que simulan la continuidad ‘viva’ de aquel objeto de valoración. ¿Cómo trabajar con el concepto de paisaje en el proceso de gestión del patrimonio sin arriesgarse a monumentalizar el fenómeno vivo en un paradigma aprisionado en la especulación turística e inmobiliaria?

El paisaje es un continuum que difícilmente se puede recortar o tipificar, toda vez que depende de la diversidad de miradas que lo constituye. El proceso de patrimonialización puede tragar para si algo que pertenece a toda la sociedad, devolviéndolo en forma de simulacro digerido y formateado, transformando el fenómeno del paisaje en paradigma idealizado.

CLEMENTI, comenta que “el paisaje no puede considerarse el resultado de la suma de los bienes culturales existentes, sino que se trata de un valor añadido, un patrimonio que implica de manera relacional a todo el territorio y que a su vez necesita estrategias de intervención articuladas, capaces de favorecer y revalorizar las diferencias reconocibles en los contextos locales.” El autor añade que “a los bienes paisajísticos no se les puede considerar bienes culturales en una escala más amplia, puesto que requieren otra clase de marcos conceptuales y operativos, más marcados por los valores de la relacionalidad que de enucleación de las excelencias que deben protegerse  por medio de vínculos.”[18]

La pérdida de un elemento simbólico en el paisaje adquiere resonancia no sólo con su desaparición sino, muchas veces, con el propio proceso de patrimonialización del paisaje, la congelación, la cristalización. Sobre esta cuestión ECKERT narra una pequeña historia,

“Poderíamos assim selecionar inúmeros exemplos de paisagem intocada pelo tombamento constitucional. A questão é complexa e podemos sugerir uma performance: um indivíduo moderno viveu em um dado tempo e espaço a experiência da emoção de poder depositar em uma fonte d’água esquecida em um bairro imêmore suas reminiscências afetivas. Acontecimentos de sua infância o fazem evocar as imagens de suas lembranças e laços. Mediante a exclusão do lugar, passa a reivindicar, na instância da estrutura política, a salvaguarda e a permanência do território mito. Para tanto, demanda a intervenção política do congelamento da forma que passa a ser legislada por uma lógica objetiva como a do turismo, da revitalização, da área protegida. Paradoxalmente, nessa lógica, este indivíduo é doravante impedido de interagir nesse lugar, transformado em espetáculo e objeto de culto. O lugar, além de esvaziado de interações e interlocuções, é interditado às formas de reciprocidade cotidiana. As atuações são controladas por estruturas de poder legitimados por discursividades que representam uma paisagem como tributária de um tempo ideal no passado social.”[19]

Este proceso de cristalización y espectacularización del paisaje, ha sido ampliamente discutido en el Seminario Internacional de Teoría y Paisaje, en febrero de 2010. Pasados prácticamente 10 años de la Convención Europea de Paisaje, iniciados los procesos de valorización y ‘reestructuración’ de los paisajes, investigadores y profesionales de las más variadas disciplinas revisan el concepto y sus aplicaciones. Empiezan a aparecer expresiones como ‘paisajes in vitro’ de MUÑOZ[20], o la ‘omnipaysage’ de JACOB[21], que llaman la atención como posibles disidencias del pacto de protección de los paisajes europeos[22]; de hecho, una cuestión que es bastante discutida en el ámbito del patrimonio ya que es intrínseca a la teoría de la conservación.

Cuando define el ámbito de aplicación, el CEP contempla los ‘paisajes cotidianos y degradados’, y a partir de ahí surge la pregunta ¿cuál es el destino efectivo para estos paisajes?, ¿lo que se pretende salvaguardar es el aspecto físico de un paisaje cotidiano? o ¿se pretende actuar en el campo de la interpretación del paisaje? Los paisajes degradados en los bordes de las ciudades, representado sobretodo por el extensivo tejido industrial, ¿contrariamente a representar la apropiación progresiva de los habitantes en su cotidiano proceso de ‘hacer paisajes’, no es más bien resultado de la lógica económica que domina el espacio? ¿Cual es el verdadero sentido de proteger paisajes si lo que se defiende como paisaje degradado seguirá edificándose continuamente por demandas de la propia sociedad de consumo?

De hecho, el CEP cobra importancia, sin lugar a dudas, como fomento a la reflexión de nuevos métodos de interpretación del paisaje. Sin embargo, tal como explica MADERUELO, la Convención Europea se justifica también por “el interés que el paisaje suscita en términos de identidad nacional, industria turística, ordenación del territorio, desarrollo inmobiliario y, en el ámbito académico, como un campo de expansión lógica para el conocimiento en diversas disciplinas.”[23]

Si el fenómeno del paisaje se da entre un sujeto que mira y un territorio que es contemplado, y, en la medida que contempla transfiere para el territorio una serie de subjetividades relacionadas a sus memorias e impresiones, la protección o atribución de valores a los paisajes por parte de un organismo externo, se transforma en algo más complicado.

“Un meccanismo d’interazione è suficiente tra lo sguardo di un soggetto e una realtà geográfica materiale, qualunque essa sia, per fare emergere un paesaggio.”[24]

La comprensión del paisaje como un sistema abierto de relaciones puede contribuir primero a cuestionar el proceso de conservación tal como está planteado actualmente y segundo, para seguir investigando metodologías que sitúen el paisaje como fenómeno y no como resultado. Finalmente, buscar un equilibrio entre un entorno paisajístico, que contribuya al bienestar del ser humano y otras especies, y un desarrollo económico y territorial coherente con estos valores para no correr el riesgo de utilizar el paisaje como un simulacro de un ideal pasado, que no representa en ninguna instancia este fenómeno, tal como sucede en el individuo contemporáneo.[25]©

Contacto: danicaron@hotmail.com

 

Fotografía: de Isaac BarragánCalatayud (Zaragoza).


[1] CHOAY, F. A alegoria do patrimonio. Estação Liberdade: Ed.UNESP. São Paulo, 2001. pp. 11

La transferencia semántica sufrida por la palabra revela la opacidad de la cosa. El patrimonio histórico y las conductas a él asociadas se encuentran presos  en estratos de significados cuyas ambigüedades y contradicciones articulan y desarticulan dos mundos y dos visiones de mundo.

El culto que se ofrece hoy al patrimonio histórico debe merecer de nosotros más que una sencilla aprobación. Requiere un cuestionamiento, a que se constituye como elemento revelador, negligente pero brillante, de una condición de la sociedad y de las cuestiones que ella encierra.

[2] CHOAY, F. Op. Cit.  pp.17 y 18

[3] HALBWACHS, M. La memoria colectiva. Zaragoza:  Universidad de Zaragoza, 2004.

[4] CHOAY, F. Op. Cit.  pp. 20

La autora explica este proceso a través de las apologías de Charles Perrault  en 1688, y luego de Victor Hugo en 1832.

[5] CHOAY, F. Op. Cit.

[6] La Sociedad de Naciones (SDN) fue un organismo internacional creado por el Tratado de Versalles, el 28 de junio de 1919. Se proponía establecer las bases para la paz y la reorganización de las relaciones internacionales una vez finalizada la Primera Guerra Mundial. La SDN se basó en los principios de la cooperación internacional, arbitraje de los conflictos y la seguridad colectiva. Tras el final de la Segunda Guerra Mundial, la SDN fue disuelta el 18 de abril de 1946, siendo sucedida por la Organización de las Naciones Unidas (ONU).

[7] NASELLI, C. El patrimonio como construcción humana: patrimonio intangible e identidad cultural. Actas 3-4 Hipótesis de paisaje. Córdoba : I+ P División Editorial, 2005.

[8] CHOAY, F. Op. Cit.  pp. 207

[9] Texto original de la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural de 1972: http://portal.unesco.org/es/ev.php-URL_ID=13055&URL_DO=DO_TOPIC&URL_SECTION=201.html

[10] Texto original de la Convenció, 1972. Op. Cit.

[11] RORTY, Richard. Contingência , ironia y solidariedad. Paidós. Barcelona, 1996. In NASELLI, C., 2005.

[12]JACOB, M. Metacrítica del Omnipaisaje. Seminario Internacional Teoría y Paisaje, reflexiones desde miradas interdisciplinarias. Departament d’Humanitats e Institut Universitari de Cultura de la Universitat Pompeu Fabra y Observatori de Paisatge de Catalunya. Febero 2010 ”Los que hablan, siempre y sin parar, de paisaje se refieren más bien al entorno, al territorio, al país. El signo paisaje se presenta así como un simulacro, como un término fetiche  que enmascara, al mismo tiempo que es empleado y porque está ahí, dispuesto a serlo, su destinación permanente.”

[13] GANYET, J. Cuatro años de la Ley de Protección, gestión y ordenación del paisaje de Catalunya: un balance positivo. In NOGUÈ, J., PUIGBERT, L. BRETCHA, G. cord.  Ordenació i gestió del paisatge a Europa . Olot : Observatori del Paisatge de Catalunya, 2009.

[14] CONSEJO DE EUROPA. Convenio Europeo de Paisaje. Florencia, 2000. El CEP puede ser consultado en la web del Consejo de Europa en sus versiones oficiales  (francés e inglés); www.coe.int; así como el “Rapoort Explcatif”, documento que acompaña la Convención conteniendo la fundamentación jurídica, los antecedentes y las disposiciones colaterales que explican las disposiciones del convenio.

[15] COSGROVE, D. A Geografia está em toda parte: Cultura e Simbolismo nas Paisagens Humanas. In CORREA,R.L., ROSENDAHL,Z. (Orgs.). Paisagem, tempo e cultura . Rio de Janeiro: EdUERJ, 1998. pp.98

[16] ECKERT, C. As variações paisageiras na cidade e os jogos de memória. Revista Iluminuras, nº 20 – Paisagens urbanas e as dinâmicas da cultura,  2008. pp.07

[17]  ECKERT, C. Op cit.

La autora comenta que ”para Henri-Pierre Jeudy, tal política de museologización definese a partir de un ordem simbólico cimentado en el pasado, é “uma necessidade de cultura traduzida por uma objetalização das culturas” (Jeudy 1990: 2). Um ato jurídico determinado pela ordem política que desqualifica a vida civil de aprender a ruína como devir, ou como pondera Jeudy, “em qualquer trabalho de restituição ou de reconstituição, uma execução ótima, sem falha, sem indeterminação, só faz reconduzir à ausência aterradora de um jogo entre a morte e a memória”.

[18]CLEMENTI, A. Paisaje y gestión del territorio en Italia. In  MATA, R. TARROJA, A. cord. El Paisaje y la gestión del territorio : criterios paisajísticos en la ordenación del territorio y el urbanismo Barcelona : Diputació de Barcelona, Xarxa de municipis, 2006. pp. 383

[19] ECKERT, C.2008. Op. Cit.  pp.07

[20] MUÑOZ, F. Paisajes In Vitro. Seminario Internacional Teoría y Paisaje, reflexiones desde miradas interdisciplinarias. Departament d’Humanitats e Institut Universitari de Cultura de la Universitat Pompeu Fabra y Observatori de Paisatge de Catalunya. Febrero 2010

El autor trae la expresión “in Vitro”, como una posible denominación a un proceso de pérdida de autenticidad del paisaje, basándose en cuestiones como una crisis de los “anclajes”, el modelo global de consumo, la crisis de la memoria, la gestión  del tiempo, comentando sobre una posible “piel atópica” del paisaje, una confrontación entre la “mirada in vivo” y el “lugar in vitro”. Los “paisajes in Vitro” suman en la reflexión extensamente desarrollada por MUÑOZ en diversos artículos, y sobretodo en la obra “Urbanalización: paisajes comunes, lugares globales”. Barcelona: Ed. Gustavo Gili, 2008.

[21] JACOB, M. Metacrítica del Omnipaisaje. Seminario Internacional Teoría y Paisaje, reflexiones desde miradas interdisciplinarias. Departament d’Humanitats e Institut Universitari de Cultura de la Universitat Pompeu Fabra y Observatori de Paisatge de Catalunya. Febrero 2010

[22] CONSEJO DE EUROPA. Op. cit.

Por “protección de los paisajes” se entenderán las acciones encaminadas a conservar y mantener los aspectos significativos o característicos de un paisaje, justificados por su valor patrimonial derivado de su configuración natural y/o la acción del hombre.

[23] MADERUELO, J.  In  BERQUE, A. El pensamiento paisajero. Madrid: Ed. Bibliotea Nueva, 2009.

[24] RAFFESTIN, C. Dalla nostalgia del territorio al desiderio di paesaggio. Elementi per una teoria del paesaggio. Firenze: Ed. Alinea, 2005.pp.10

[25] JACOB, M. , 2010. Op. cit

 ”Los que hablan, siempre y sin parar, de paisaje se refieren más bien al entorno, al territorio, al país. El signo paisaje se presenta así como un simulacro, como un término fetiche  que enmascara, al mismo tiempo que es empleado y porque está ahí, dispuesto a serlo, su destinación permanente.”

Una respuesta a El paisaje como desafío en la conservación del patrimonio

  1. Neus dice:

    Bellísima reflexión en torno al paisaje